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Nadie pasa de aquí

Fotografía. Fatima Acunman En el noventa y seis, tras un doloroso divorcio y sin mejor sitio al que ir, me acerqué al piso donde viven mamá y la tía Josefina. Pedí que me dejasen ocupar la vivienda pequeña del pazo mientras cuidaba la finca, deshabitada desde que el abuelo falleció un par de años antes. Tras el sepelio las hijas decidieron que la avoa Nucha no podía vivir sola, así que mamá y la tía se la trajeron al piso de Pontevedra. Ellas preferían la comodidad de la capital, aunque mi Nucha se marchitó con rapidez lejos de su hogar y meses después ya reposaba junto a su esposo. Yo necesitaba un lugar familiar en el que refugiarme así que mamá insistió que me instalase en el hogar de mi infancia, la casa grande. Vivíamos allí con la tía y los abuelos desde que mi padre nos abandonó poco antes de cumplir yo dos años. La propiedad en sí es un pazo en el Concello de B. al que se accede por el antiguo trazado de la carretera, en la curva con la general. El asfalto es viejo, con grav...

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