Introito

Éstos divertimentos empezaron como un juego para presentarme al Festival de las Ánimas de Soria. Al principio una historia. Luego dos. Luego tres, cuatro...

Normalmente escribo para mí. Si he escrito para otros es porque cultivaba el género epistolar antes del advenimiento del correo electrónico. Hay relatos manuscritos o mecanografiados en diferentes etapas de mi vida almacenando polvo por mi casa. No muchos. Mi faceta creativa pública se limita hasta ahora al dibujo principalmente de humor.

La culpa de que hoy leas ésto hay que repartirla entre varios cómplices.

En primer lugar, contar historias es algo que viene de mi madre y mi abuelo. Yo he narrado sus anécdotas o sucedidos y he enriquecido el repetorio con las mías propias. Las cuento en reuniones de amigos o a mis hijos, porque las considero parte de la tradición oral familiar.

Más adelante con mis amigos Joaquín el Elfo y Angel Luis Chubi he intercambiado y vivido anécdotas inumerables noches desde que nos conocemos. Cada uno teníamos nuestro tema preferido al llegar al escalofrío. Repetíamos cuentos o leyendas que habíamos leído, oído o visto en otros soportes y los transformábamos en narración oral.

He de decir éstos divertimentos son pura invención. Inspirados, pero imaginados. Habrá quien encuentre o conozca algunas de las piezas del puzle que he ido soltando. O intuya dónde se plantó la semilla de tal o cual narración. Ahora bien, ponerlos por escrito no hubiera sido posible de no haber conocido a Julli o a Gonzalo, amigos primero y escritores ya confesos después.

Por último mi mujer, Gema, quien soporta con resignación mis ocurrencias de «toma pan y moja que es caldo e'liebre» y me anima a hacer cosas nuevas.

Ah, decir a quienes he tomado prestados como personajes a veces con descaro, que no os hubiérais colado en mi vida, egabrenses.

Gracias a todos.

Comentarios

Entradas populares