@Cultivador.Exotico

Fotografía: Mariano Ruffa

Heyyyy ¿qué pasa gente? Aquí estoy, soy Carlos @cultivador.exotico. Bueno, bueno, bueno. Ya os avisé hace una semana que se venían cositas. Lo llevo preparando un tiempo y el directo de hoy os va a sorprender, ya veréis. Es un proyecto largo, algo os he ido adelantando en otros vídeos, pero hoy es el día de enseñarlo. Aquí y ahora. Exclusivo para suscriptores. Venid, que os voy diciendo. Bueno, quien ya lleva un tiempo siguiéndome lo conoce en parte, pero para el resto este es el acceso al sótano. Detrás de esta puerta. Por espacio, ya que no tengo jardín ni nada, pues la zona de cultivo es subterránea. Podríais pensar que es “María”, como hacen muchos. Pero la verdad es que hacer crecer eso consume bastante electricidad, y yo prefiero algo un poco más rentable. Bajamos por aquí. Ya sabéis, al empezar cultivaba cosas como espárragos, champiñones, ruibarbo, … ese tipo de plantas. Es sencillo, tienen salida fácil, en seguida les coges el truco y son un negocio estable. Todavía me queda algo de eso, como veis en esta zona. La pega son sus limitaciones, la producción que tengo es para mí y algunos amigos. Por otro lado, su sencillez hace que sea habitual de encontrar por otros sitios, hay mucha competencia. Aunque seas muy ecológico, siempre a dos o tres calles de distancia hay uno que saca cinco o seis cajas de champiñones cada dos días. Tiene más espacio, curra más horas, o se le da mejor. Por eso hay que especializarse en otro tipo de cultivos. Un ejemplo, esto de aquí ya es más interesante. Algo… especial. Hace tiempo me trajeron esporas de Japón que ya supusieron un reto. Resulta que prosperan en ciertas cuevas específicas en Okinawa. Tuve que replicar las condiciones de temperatura y humedad al milímetro. ¿Veis?, aquí tengo los humidificadores, el termómetro... no hacen falta ventiladores, ya os dije que son cuevas. Las condiciones idóneas. Conseguir el sustrato fu algo complicado, pero lo localicé gracias a un vendedor japonés. Se coloca así, en sacos, dejando unas aberturas laterales para que vayan saliendo los hongos. El secreto, lo digo muchas veces, es el mejor sustrato que puedas comprar, buena semilla y el riego adecuado. Por esa pared traigo los tubos de microrriego por nebulización. Hay un programador al otro lado: según le llegan los datos del humidificador, dosifica la cantidad de agua que se necesita. Estas ya casi están listas para cosechar, ved qué hermosas. Son unas setas muy delicadas que se han adaptado a la perfección. Por este tamaño ya pagan un buen dinero en algunos restaurantes por disponer de ellas en la carta sin tener que importarlas por avión desde el otro lado del mundo. Suministro constante y garantizado. No puedo dar nombres, claro, pero son muy, muy conocidos. Hasta en algún concurso de la televisión se han usado de ingrediente para la final. Ya os dije que fliparíais. Oíd, como todo, los que estéis interesados, mirad el código de descuento en pantalla y lo usáis en el carrito de compra. Una exclusiva al alcance de muy pocos, pero que podéis tener en casa. Aprovechad, que fuera de los pedidos ya reservados no quedan muchas unidades. Daos prisa. Seguidme, avancemos algo más. Esperad que saco las llaves y abro. Venga, listo. Tras esta puerta están mis dos mejores proyectos. El primero es muy lucrativo. De hecho, es el que financia el segundo. Aquí las tenéis. Muevo la cámara para que se vean bien. Mandrágoras luminiscentes. Gordas como remolachas. En la vida habéis visto unas así. Mejor dicho, nunca. Se paga una auténtica pasta por ellas en la Darkweb. Me las compran mucho desde Rusia, China, sitios así. Es obvio que no las puedo ofrecer en el carrito normal. Poned en comentarios “mandrágora” y os mandaré un enlace con instrucciones sobre cómo podéis conseguirlas. Más os vale preparar una buena cantidad de criptos, pues no son baratas. Lo muy exclusivo se paga. Tal cual os digo, su venta me permite llevar adelante otros proyectos. Mirad qué pedazo de cajón. Madera maciza, y bien grande. Cuatro. Cuatro tíos enormes como camiones hicieron falta para bajarlo y ponerlo aquí. Las borriquetas las tuve que encargar a medida de lo que pesa. No, no es un cajón ordinario, ya os lo digo yo. Os lo repito, para cultivar no hay muchos secretos. Un buen sustrato, el mejor que se pueda conseguir. Semillas de primera. Y el riego adecuado. Aprendí probando los soportes de cultivo óptimos para los champiñones, los espárragos, los ruibarbos, las setas japonesas, … hasta llegar a esto. Paciencia, que aún no lo puedo abrir. Os enseño. Acá tengo los documentos de originales… sí, son estos. Son antiguos, eh. Mirad, mirad el año. Mil. Ochocientos. Noventa. Y siete. Tela, ¿eh? La nota indica que se trata de parte de una carga de cuarenta cajones, embarcados en un barco llamado «Demeter». El destino dice ser la abadía de Whitby, en Inglaterra. Como os lo cuento. Me ha costado una buena cantidad conseguir este sustrato. Es el mejor. El mejor. Yo siempre lo digo. Cuando llegó y lo abrí estaba que parecía agostado. Pensadlo. Más de cien años cerrado. Y ahí viene la segunda parte, irrigar de modo que el sustrato coja fuerza. Pude solucionar las dos cosas a la vez, el riego y la semilla, no fue tan complicado. Calle abajo hay una casa abandonada que es frecuentada por yonquis. Todo el día entrando y saliendo gente, nadie se fija en si alguien se va a pinchar, a trapichear, o a lo que sea. Estuve vigilando un par de semanas y aprendí las rutinas de idas y venidas. Hace tres días lo tuve claro con la semilla. Observé cómo entraba una chica delgaducha y no la vi salir. Era una hora que no suele tener trasiego de gente, me puse un chándal con capucha y entré en la casa. Me la encontré tirada en un colchón mugriento, completamente colocada. Menos mal que casi estaba en los huesos para trasladarla. Le caía una mezcla de baba y espuma de la boca, menudo colocón llevaba. Pude levantarla y traerla que arrastraba los pies, tropezando cada pocos pasos al venir por la calle. Al sótano tuve que descender cargándola sobre la espalda para no caernos. Agarré bajo las axilas y este tramo ya lo hice arrastrándola. Es más, tuve que apoyarla en el suelo un rato y recobrar el aliento. Después me las compuse para levantarla y poder acomodarla en el hueco que hice antes en la tierra. Tumbada ahí parecía muy menuda, incluso dudé si podría conseguir la irrigación que necesitaba. Con unas tijeras le abrí parte de la ropa y ya con la navaja piel y carne para buscar las arterias. Dos tajos en las carótidas, otros en diagonal en los antebrazos, los últimos en las femorales. Abrió los ojos, pero diría que no se enteró de lo que pasaba. Menuda cantidad de sangre que salía, no os lo creeríais. El sustrato reseco empezó a ennegrecerse e incluso hacía ruidos. Un siseo al irse empapando, así como un fsssssch. Me quedé mirando hasta que ya no salía sangre, puse la tapa y la aseguré con clavos para que no entrase nada de luz. Y bueno, a esperar. Tres días, como os cuento. ¡Coño! ¿Lo habéis oído? Se ha notado el golpe en la mano que tengo apoyada, no sé si se ha visto en cámara. Buáh. Ahora está rascando la tapa por dentro. Otro golpe. Yo creo que ha sido un éxito, vaya que sí. He conseguido cultivar un vampiro. Tengo por aquí una palanca, vamos a levantar la tapa. Seguro que os va a explotar la cabeza.

Comentarios

Entradas populares